07/01/2009

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Expo Zaragoza, la fiesta del agua
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Bob Dylan abre su gira europea en el escenario destinado a las estrellas

La Expo ofrece conciertos de grandes fíguras del panorama musical internacional. Todos los días, un espectáculo de primera línea, con el colofón de varios recitales únicos e irrepetibles. Algunos son en el recinto Expo (en el Anfiteatro 43); otros, en la Feria de Muestras, un espacio que ya ha acogido a los Rolling Stones o a Shakira. Ninguna ciudad en el mundo puede presumir de concentrar a tantos artistas del máximo nivel en tan pocos días. Algo nunca visto antes. El Anfiteatro 43, corazón de las actuaciones nocturnas de la Expo, acogerá durante las 93 noches del certamen a algunos de los artistas más importantes del panorama musical actual. Y en la A-2, dirección Madrid, en la Feria de Muestras, se celebrarán conciertos excepcionales. Podrán asistir hasta 35.000 personas y costarán 8 € para aquellos que presenten alguna entrada de la Expo. Para el resto de asistentes, la entrada cuesta 25 €. Estas tarifas dan derecho, además, al viaje en autobús (ida y vuelta) y entrada al parking. Serán tres conciertos : Bob Dylan, el 23 de junio; Bumbury (que reaparece tras su retirada de los escenarios y los conciertos del año pasado con Héroes del Silencio), el 6 de septiembre, y la cubana Gloria Stefan, el día 13 del mismo mes.

 

Especiales

Expo Zaragoza. La fiesta del agua

09/06/2008

Antonio Ibáñez / Fotos: Rafa Pérez

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Expo Zaragoza. La fiesta del agua

Expo Zaragoza. La fiesta del agua

Por fin está aquí. Tras muchos meses de duro trabajo, ilusiones y el esfuerzo de una ciudad y una región, la Exposición Internacional de Zaragoza abre sus puertas el 14 de junio y no las cierra hasta el 14 de septiembre. Tres meses dedicados al agua y al desarrollo sostenible en un recinto y una ciudad que esperan recibir a más siete millones de visitantes procedentes de todo el mundo.

EL 14 de junio abrirá sus puertas en el meandro de ranill as la exposición Internacional de Zaragoza, que bajo el lema “agua y desarrollo sostenible” tiene como objetivo concienciar al mundo de la necesidad de ahorro y de innovar para que ésta llegue a todos los seres humanos. Siempre desde “el compromiso ético de la sostenibilidad”, dicen sus organizadores. Durante tres meses, Zaragoza se convertirá en un foro de debate entre expertos y ciudadanos para encontrar fórmulas que resuelvan la previsible escasez de agua de tiempos futuros. Pero no todo serán sesudas conferencias. Los organizadores han diseñado una variada oferta cultural dentro de las 125 hectáreas del parque, con más de 3.400 actuaciones de más de 350 compañías y artistas. Muchos de estos espectáculos se celebrarán al aire libre, y otros en algunos de los edificios diseñados por arquitectos de primer nivel para la muestra. El valor arquitectónico de los edificios (o pabellones) ya es de por sí una excusa para visitar la Expo, cuyas entradas costarán 35 a para un día ó 70 a si se adquiere un pase para tres jornadas. Además de estos edificios y pabellones, se han diseñado dos puentes y una pasarela sobre el Ebro que ya han cambiado la fisonomía urbana de la ciudad de Zaragoza, una metrópoli en medio de un amplio desierto paradójicamente atravesado por uno de los ríos más caudalosos de cuantos desembocan en la Península Ibérica. Un río que apenas satisface las necesidades hídricas de Aragón, pero que marca su carácter y que para los zaragozanos es mucho más que un espacio natural. A mitad de camino entre su nacimiento en Santander y su desembocadura al sur de Tarragona, esa equidistancia hace del zaragozano alguien hospitalario, familiar y acogedor. No en vano sus calles han acogido a lo largo de sus más de dos mil años de historia como ciudad a varias civilizaciones y culturas que han dejado su impronta y han forjado su carácter.

El Pilar es la postal de Zaragoza, la que hasta hace bien poco era la única que proyectaba a la capital de Aragón en el mundo. Y sigue siendo el centro del viaje, el lugar al que una y otra vez se debe volver. Y no sólo porque la Basílica y su venerada virgen sean lugar de peregrinaje y capital espiritual de miles de hispanohablantes sino porque la plaza que actúa de músculo de la ciudad es un es pectáculo día y noche. Dicen que es una de las plazas peatonales más grandes de Europa. Es difícil establecer el ranking, pero en cualquier caso éste es el lugar de las grandes reuniones colectivas y un maravilloso patio abierto que, visto desde cada uno de sus ángulos, ofrece una perspectiva distinta. Al Este, la Seo, la catedral de la ciudad, compendio de barroco, mudéjar, gótico y renacimiento; al Norte, la basílica, la lonja renacentista y el Ayuntamiento; al Oeste, el conjunto de San Juan de los Panetes, las murallas y el inicio de una ruta por las cosmopolitas y a la vez castizas calles del barrio del Gancho o San Pablo.

Los viajeros del XVIII la conocían como la “Florencia española”. Hoy apenas queda nada de las majestuosas construcciones de aquella ciudad, destruida hace ahora 200 años en la guerra contra los franceses y rematada por la piqueta de los años 40 del siglo XX. Una ingente tarea de restauración y rehabilitación de espacios arquitectónicos ha recuperado parte de aquel pasado perdido. Y siempre quedan los grandes palacios del renacimiento aragonés, como el de los Argillo, Montemuzo, los Luna, Armijo, los Pardo, Sástago, Huarte-Azara o la Lonja. Muchos de ellos, todos en el casco histórico, se han convertido en alguno de sus 15 museos permanentes, como el Camón Aznar o el Pablo Gargallo, o temporales, como el de la Diputación Provincial o el de la Lonja. Otros son sedes de instituciones, archivos, hemerotecas o filmotecas. Palacios de espectaculares artesonados mezclados con comercios antiguos o numerosos bares, que son el alma de una ciudad que vive en la calle y en sus establecimientos de tapas, vinos y montaditos. Una buena muestra es la zona del Tubo, un laberinto que sigue el trazado de las calles romanas y que durante años fue la parte más literaria y bulliciosa de la urbe. Hoy, todo restaurado, conserva parte de aquel sabor de antaño y son muchos los visitantes que hacen un alto en el camino para tomar alguna ración o un bocadillo de calamares, uno de los típicos de Zaragoza junto a las madejas, ovillos fritos de tripa de ternasco.

Mucho antes de que los palacios de los grandes nobles aragoneses se establecieran en la ciudad, romanos y musulmanes dejaron su huella, hoy en día perceptible gracias a los museos del Foro, el Puerto, el Teatro y las Termas de la época romana (fue una de las prin cipales ciudades del Imperio) y de los árabes, que una vez dominados por el cristianismo (mudéjares) levantaron iglesias con espectaculares torres ornamentadas, como la de la Magdalena, San Miguel, San Gil o San Pablo. O el sencillo Torreón de la Zuda, hoy oficina turística, justo al lado de las Murallas Romanas y la Basílica del Pilar. Pero, sin duda, el principal monumento musulmán es el Palacio de la Aljafería, hoy en día sede de las Cortes de Aragón. Es del siglo XI, Palacio de Al-Muqtadir, responsable de la importante taifa de Saraqusta (Zaragoza) que tras la Reconquista sufrió remodelaciones para convertirse en residencia real. Destaca el salón de los Reyes Católicos, que también se alojaron en sus muros, como antes hizo Pedro IV. Sus almenas fortificadas, sus jardines y patios y sus estancias palaciegas hacen de este edificio uno de los monumentos imprescindibles para cualquier viajero.

También queda parte de un pequeño esplendor burgués modernista que tiene su principal representación en el Mercado Central y otras edificaciones del casco histórico, y en algunas casas del Paseo Sagasta, que une la ciudad antigua con la que está en una permanente expansión urbanística y demográfica.

Sería injusto hablar de Zaragoza sólo por sus vestigios, ruinas y pasado. Como todas las urbes, tiene su historia, con episodios magníficos y otros más oscuros, pero la ciudad actual ofrece al visitante otros atractivos más prosaicos y presenta numerosas actividades lúdicas y festivas para todo tipo de gustos. Desde sus populosas fiestas del Pilar hasta otras menos conocidas, pero no por ello menos participativas: el 5 de marzo, la tradicional Cincomarzada, que conmemora la victoria del liberalismo frente a las tropas carlistas, o el 29 de enero, San Valero, patrón de la capital zaragozana. Ese día resulta muy típico ir a comer un gigantesco roscón a la Plaza del Pilar, aunque luego se degusta también en todas las casas. En todas estas celebraciones existe una variada oferta de espectáculos gratuitos. Los zaragozanos también se distinguen por tener un inmenso afán creativo que, hoy más que nunca, tiene su recompensa en la gran cantidad de artistas que componen, exponen, escriben o interpretan en sus calles. Excelentes bares que se convierten en refugios de creadores y donde es fácil encontrarse con sorprendentes conciertos, exposiciones, obras de teatro o tertulias. Una ciudad viva y con artistas de primera línea viviendo en ella. Zaragoza está considerada en estos momentos la capital del hip hop, algunos de sus músicos y escritores están considerados por crítica y público como los más interesantes del panorama actual (Amaral, Héroes del Silencio, Violadores del Verso, Ignacio Martínez de Pisón, Félix Romeo o Soledad Puértolas, por citar a algunos) y en los circuitos alternativos está asegurado el ocio y el turismo cultural. La oferta nocturna es infinita y para todos los gustos, al igual que sus restaurantes y hoteles. Es fácil degustar comida casera a buenos precios en rincones típicos, pero también se puede comer alta cocina en sus abundantes restaurantes de autor.

A pesar de convertirse poco a poco en una ciudad de grandes dimensiones (y los proyectos estratégicos como la creación de la mayor plataforma logística del sur de Europa tienen mucho que ver en ello), Zaragoza sigue conservando a pocos kilómetros de su centro espacios naturales de alto valor ecológico que pueden ser recorridos a pie, en bici o incluso a caballo. Son los galachos (término del aragonés que define a los meandros abandonados por el río tras una fuerte crecida) de Juslibol y La Alfranca. Estas grandes lagunas son un buen observatorio de aves y un magnífico escenario para cobijarse en bosques de ribera. Una Zaragoza natural y en un entorno rural tan desconocido como merecedor de una visita. Igual sucede con el Parque Grande, como se conoce popularmente a una extensa área de jardines y pinares en la zona de La Romareda, en la que incluso se puede visitar un jardín botánico.

Zaragoza se encuentra dividida en doce distritos urbanos con numerosos atractivos que invitan al viajero a descubrirlos por sí solo. Frente a las ciudades homogéneas, muy preocupadas por el rectilíneo diseño que las condena a ser unas urbes de escaparate que no se dejan tocar ni sentir, la capital aragonesa combina un orden sostenible con el bullicio de la improvisación que la enriquece día a día, y la convierte, este año más que nunca, en un imprescindible destino turístico.





 

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